DEFINICIÓN

ARISTOCRACIA

Gobierno ejercido por la nobleza, una minoría privilegiada o una elite que se considera más apta para gobernar.

OLIGARQUÍA

Gobierno ejercido por un número reducido de personas o familias con propósitos generalmente corruptos y egoístas.



PARECE lógico que si un gobierno está constituido por las mejores personas, tendría que ser el mejor. En la misma línea de razonamiento, las mejores personas son las mejor educadas, las más cualificadas y competentes, lo que las hace más aptas para dirigir a otros.

CLASES ARISTOCRÁTICAS

Los gobiernos aristocráticos encabezados por ese tipo de elites pueden ser de varias clases:

PLUTOCRACIA
Si la autoridad está en manos de los ricos.

TEOCRACIA
Si está en manos del sacerdocio, teocracia.

BUROCRACIA
Si la influencia la ejercen funcionarios públicos.


Muchas sociedades primitivas, regidas por ancianos o jefes tribuales, eran aristocracias. En una época u otra, Roma, Inglaterra y Japón, entre otros, tuvieron gobiernos aristocráticos. En la antigua Grecia, la palabra “aristocracia” se utilizaba con relación a las ciudades-estado, o polis, donde gobernaba un grupo reducido de personas. Varias familias prominentes acostumbraban a compartir el poder. Sin embargo, hubo ocasiones en las que una sola familia tomó el poder de forma ilícita y estableció un tipo de gobernación más tiránico.

Al principio, al igual que otras ciudades-estado griegas, Atenas estaba gobernada por una aristocracia. Más tarde, a medida que los cambios culturales debilitaron las distinciones entre clases y desbarataron su unidad, la ciudad adoptó formas democráticas. Por otra parte, Esparta, fundada al parecer en el siglo IX a. E.C., estaba dirigida por una oligarquía militar. Esta ciudad pronto rivalizó con Atenas, mucho más antigua, y ambas ciudades lucharon por la supremacía en el mundo griego de su tiempo. De ese modo, la gobernación de la mayoría reflejada en Atenas entró en conflicto con la gobernación de la minoría, como en el caso de Esparta. Por supuesto, los motivos de su rivalidad eran más complejos que solo un desacuerdo en cuanto a la forma de gobierno.

Las diferencias políticas solían constituir el tema de discusión entre los filósofos griegos. Aristóteles, que había sido discípulo de Platón, distinguió entre aristocracias y oligarquías. A la aristocracia pura la catalogó como una buena forma de gobierno, un ideal noble que permitía que las personas con aptitudes especiales y elevadas normas morales se dedicaran al servicio público para beneficio de otros. Pero cuando una aristocracia pura estaba dirigida por una elite opresiva y egoísta, degeneraba en una oligarquía injusta, lo que a su juicio era una forma pervertida de gobierno.

Aunque abogaba a favor de que gobernaran “los mejores”, Aristóteles admitió que probablemente se conseguirían los resultados deseados si se combinaban aristocracia y democracia, idea que todavía atrae a algunos políticos. En realidad, los antiguos romanos combinaron estas dos formas de gobierno con cierto éxito. “En Roma la política era cosa de todos”, dice The Collins Atlas of World History. Sin embargo, al mismo tiempo, “los ciudadanos más ricos y los afortunados que habían nacido en la alta alcurnia, formaron una oligarquía que se repartía los cargos de magistrado, comandante militar y sacerdote”.

A finales de la época medieval y principios de los tiempos modernos, los gobiernos de los centros urbanos europeos también combinaban elementos democráticos y aristocráticos. A este respecto, la Collier’s Encyclopedia explica: “Un ejemplo clásico de tal oligarquía lo hallamos en la extremadamente conservadora República de Venecia, derrocada finalmente por Napoleón. Pero las ciudades libres del Sacro Imperio Romano, las ciudades de la Liga Anseática y los municipios de Inglaterra y Europa occidental revelan la misma tendencia general hacia un estricto control oligárquico por parte de un patriciado aristocrático relativamente reducido pero glorioso y muy cultivado”.

Se ha afirmado con cierta justificación que todos los gobiernos son de naturaleza aristocrática, porque abogan para que las personas más cualificadas ocupen los cargos. El concepto de una clase dirigente ha servido para reforzar este punto de vista. Por esta razón, una obra de consulta concluye diciendo: “Clase dirigente y elite se están convirtiendo en términos sinónimos para describir la realidad del ideal sostenido por Platón y Aristóteles”.

Siglos antes de que aparecieran los filósofos griegos mencionados, ya existía una sociedad feudal (basada en señores y vasallos) que aportaba cierta medida de estabilidad y paz a la antigua China bajo la dinastía Cheu. Pero después del año 722 a. E.C., durante lo que se conoce como el período Chunqiu, el sistema feudal fue debilitándose gradualmente. En la última parte de este período surgió una nueva elite, compuesta de los antiguos “caballeros”, que habían estado al servicio de señores feudales, y los descendientes de la antigua nobleza. Miembros de esta nueva elite pasaron a ocupar puestos gubernamentales importantes. Según indica The New Encyclopædia Britannica, el famoso filósofo chino Confucio subrayó que “lo que capacitaba a un hombre para el mando no era el nacimiento sino la aptitud y excelencia moral”.

Sin embargo, más de dos mil años después, el proceso para seleccionar a la elite —los más aptos para gobernar— en Europa no tenía mucho que ver con “la aptitud y excelencia moral”. Carl J. Friedrich, profesor de la universidad de Harvard, comenta que “la elite de la Inglaterra aristocrática del siglo XVIII se escogía principalmente según el linaje y las riquezas. Lo mismo sucedía en Venecia”. Y luego añade: “En algunos países como la Prusia del siglo XVIII, la elite se escogía según el linaje y las hazañas militares”.

En la antigüedad se creía que las buenas cualidades de las ‘mejores personas’ pasaban a su prole, y como consecuencia los monarcas de aquellos tiempos solo contraían matrimonio con personas de su clase. Durante la Edad Media el concepto de superioridad biológica continuó en vigor. Contraer nupcias con alguien de la plebe era diluir la nobleza del clan y suponía un agravio a la ley divina. Por esta razón, los monarcas estaban obligados a casarse únicamente con personas de noble cuna. Pero la idea de superioridad biológica para justificar esos enlaces matrimoniales fue reemplazada más tarde por una razón más lógica: la superioridad debida a mejores oportunidades, educación, talentos o logros.

La máxima “nobleza obliga” tenía el propósito de garantizar el éxito de las aristocracias, y con ella se quería indicar que “la nobleza exige una conducta noble, o de un modo más general, que cada uno debe hacer honor a su rango y reputación”. Debido a su “superioridad”, las personas de noble cuna tenían la obligación de atender de manera responsable las necesidades de otros. Este principio existía en aristocracias como la de la antigua Esparta, cuyos guerreros estaban obligados a poner los intereses de otros por delante de los suyos propios, al igual que los samurai, casta guerrera de Japón.

No resulta difícil ilustrar los defectos de la gobernación aristocrática. En la antigua Roma, solo los de alta alcurnia, o patricios, podían ser elegidos miembros del senado romano, mientras que la gente común, o plebeyos, no tenían esa posibilidad. Pero lejos de ser hombres de “aptitud y excelencia moral”, como Confucio decía que debían ser los gobernantes, los miembros del senado se hicieron cada vez más corruptos y opresivos, lo que resultó en conflictos civiles.

A pesar de repetidas reformas, la oligarquía senatorial persistió, por lo menos hasta que Julio César estableció una dictadura pocos años antes de su asesinato en 44 a. E.C. Aunque después de su muerte se restableció el gobierno aristocrático, para el año 29 a. E.C. ya había sido reemplazado de nuevo. La Collier’s Encyclopedia explica: “Con el poder, la riqueza y la extensión geográfica de Roma en aumento, la aristocracia se había convertido en una oligarquía corrupta, y su falta de espíritu cívico se reflejaba en la falta de respeto general. Su fracaso dio paso a la monarquía absoluta”.

Durante los siguientes mil doscientos años la norma en Europa fueron los gobiernos aristocráticos, aunque de nombre eran monárquicos. Con el tiempo, un gran número de cambios políticos, económicos y culturales fueron modificando gradualmente el sistema. Pero durante todo ese período, la aristocracia europea continuó siendo poderosa, capaz de retener sus tierras y su total dominio de los cargos militares, mientras al mismo tiempo se hacía cada vez más parásita, extravagante, arrogante y frívola.

Entre 1780 y 1790 la aristocracia sufrió un severo golpe. Cuando Luis XVI de Francia se vio en apuros económicos, suplicó a los miembros de la aristocracia francesa que renunciasen a algunas de sus prerrogativas fiscales. Pero en lugar de apoyarle, se aprovecharon de sus dificultades para socavar la monarquía y recuperar parte de su poder perdido. “No satisfechos con que el rey gobernara al pueblo para la aristocracia, ellos [la aristocracia] buscaron la gobernación del pueblo, por la aristocracia, para la aristocracia”, explica Herman Ausubel, profesor de historia en la universidad de Columbia. Esta actitud contribuyó a que estallase la Revolución francesa en 1789.

Lo que ocurrió en Francia ocasionó cambios trascendentales que se dejaron sentir muy lejos de sus fronteras. La aristocracia perdió sus privilegios, se abolió el sistema feudal, y se aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano así como también una constitución. Además, un decreto limitó los poderes del clero.

El hecho evidente de que “los mejores” no siempre merecen ese calificativo, señala a uno de los principales puntos débiles del “gobierno de los mejores”, a saber, la dificultad de determinar quiénes entran en esta categoría. A fin de reunir los requisitos para estar mejor capacitado para gobernar, se necesita más que solo ser rico, de sangre azul o capaz de ejecutar hazañas militares.

No es difícil averiguar quiénes son los mejores doctores, cocineros o zapateros, pues nos basta con observar su trabajo o sus productos. “Sin embargo, en lo relacionado con el gobierno, la cuestión no es tan sencilla”, declara el profesor Friedrich. La dificultad radica en que la gente no se pone de acuerdo en cuanto a cómo debería ser un gobierno ni en lo que debería hacer. Además, las metas del gobierno cambian constantemente. Por eso, el profesor Friedrich está en lo cierto cuando dice: “Existen bastantes dudas en cuanto a quiénes componen la elite”.

No dude que hoy, existe gobiernos oligárquicos y por eso nunca dejan el poder político, por eso se perpetúan y hasta exigen jubilación o puesto vitalicio.

En Bolivia hubo gobiernos oligárquicos y hoy se resisten perder el control del estado, por eso existe los grandes problemas sociales y políticos.

Hasta el próximo artículo y reciban mis saludos sinceros en la distancia.

Sinceramente...

eliass